Qué mejor manera de despedir una semana y abrazar la otra con las baterías bien cargadas que acudir, en una de estas tediosas tardes invernales de domingo, al exquisito marco de nuestro Teatro Circo para degustar un concierto de Julián Estrada. Desde su concepción de la música, y por tanto del flamenco, como un vehículo para disfrutar y hacer disfrutar a los demás, Julián propuso, el pasado 31 de enero en la presentación de su nuevo disco “Naturaleza Flamenca”, un extraordinario espectáculo que tardaremos en olvidar las cerca de las 300 personas-todo un éxito, no hay que olvidar que dos días antes tuvo que colgar el “no hay entradas”- que casi abarrotamos el teatro.

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A sus cuarenta y ocho años de edad Julián se encuentra en plena madurez artística y cantaora, con el deseado equilibrio al que todo artista anhela. Un equilibrio-musical e intelectual-que le permite interpretar y crear sin importarle un bledo los estériles debates en los que, por desgracia, el flamenco parece haberse instalado sine die. Julián no entiende, mejor dicho pasa olímpicamente, de los manidos y eternos “-ismos”, “razones incorpóreas” o “troncos negros del faraón”. Asimismo, me da la impresión, ignora conscientemente a ese inquisidor sector de la afición pendiente siempre de cualquier “atentado musical” que conduzca al flamenco hacia “el camino de la perdición”. Para él el arte no es más que una creación humana producto del alma, del intelecto y de la experiencia vital, enhebrado a partir de unas condiciones innatas y técnica aprendida, con la calidad, el esfuerzo y el trabajo como únicas varas de medir Su música, su flamenco, a través de una colorida y trabajadísima sonoridad, contagia optimismo, creatividad y amor hacia la vida y belleza. Y lo consigue desde la tragedia de una seguiriya, la solemnidad de una soleá o a partir de la melancolía de una farruca.

Su “Naturaleza Flamenca” es fiel reflejo de todo esto, dejándolo muy claro sobre el escenario con la colaboración de un fabuloso elenco de músicos. Los hermanos Gamero a las palmas, Jesús Estrada y Álvaro Martín en los coros, Agustín Diassera a la percusión, todos ellos compenetrados milimétricamente con las guitarras de Jesús Zarrias y Dani de Morón, configuraron un mágico entorno sonoro en el que la figura de Julián emergió como estrella indiscutible de un apasionado, y apasionante, discurso musical en el que el arte, el sentimiento, la musicalidad, la creatividad, la poesía y la tradición flamenca más genuina hicieron permanente acto de presencia. Ante un público entregado desde el comienzo hasta el final, Julián fue desgranando fielmente, y con la llamativa complicidad de todos sus músicos, el contenido del disco. Soleares alcalareñas por derecho; cantes de Levante acordándose del injustamente olvidado Cojo de Málaga; estremecedoras seguiriyas; encantadora farruca; grandiosa malagueña chaconiana terminada con los abandolaos de la tierra; el-Julián lo hizo muy personal- polo; tangos dedicados a Andalucía recordando a sus referentes “Chino” y Jiménez Rejano; monumentales y polifónicas alegrías-increíble el toque coral aportado por el gran Rafa Sánchez y su gente-; y tradicionales, arrebatadoras y flamenquísimas bulerías, completaron, junto al Romance de la Reina Mercedes, un recital de ensueño que perdurará en nuestra memoria para siempre.
Sin lugar a dudas este disco es de los más clásicos de Julián, aunque sin abandonar su preclara línea vanguardista iniciada hace ya dieciséis años, ni su empeño- ¡bendito empeño! -en “musicalizar” el cante añadiéndole nuevas armonías, polifonías y complejas elaboraciones rítmicas. Empeño en este caso fortalecido por la prodigiosa sonanta de Dani de Morón. ¡Mare mía… ¡-este hombre merece mención aparte…-qué manera más natural de rebuscar armonías y sonoridades poco habituales, ensamblándolas cabalmente en las líneas melódicas del cante más tradicional. Este guitarrista, sin lugar a dudas, hará historia…
Os animo desde aquí a adquirir esta obra y que cada uno la disfrute a su manera, desde la perspectiva que le dé la gana. Que nadie nos diga nunca cómo tenemos que escuchar, y disfrutar, la música, el cante, este bendito regalo que nos ha ofrecido Julián. Gracias maestro.
Por: Álvaro de la Fuente

 

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